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MANIFIESTO DEL NEOFUTURISMO

Un hombre nuevo para el nuevo milenio

(N.B.: Lanzado el 20 de febrero de 2007 por Antonio Saccoccio y puesto en español en julio de 2008 por Gonzalo Jerez.)

Ya han pasado algunos años desde el comienzo de este nuevo milenio. Con gran estupor y no poca desilusión debimos aceptar que en el inútil paroxismo que impulsa al hombre contemporáneo poco a poco está lanzado a sentirse fascinado por este hecho. A pesar de todo, el simple pensar en el año 2000 ha debido de despertar nuestro espíritu adormilado. Ni si quiera una fecha tan fascinante, mil veces evocada por la fantasía popular y literaria, ha precipitado al hombre a rendir cuentas con la propia consciencia y con la propia identidad. En un momento -en un solo atisbado instante- caen tres nueves, y son añadidos tres ceros a la nueva cuenta y todo continúa como antes. Incluso así, ha vuelto también un acontecimiento sólo exterior -como es un cambio de fecha- para ser lo vinculante para un cambio más consistente. Sobre todo cuando, como hoy, de tal cambio estamos necesitados. Pero así es el hombre contemporáneo. No puede ya soñar. No puede imaginar. No puede tampoco crear un propio mundo. No puede regenerarse. Para tener un deseo necesita estar vivo.

Es claro que el hombre del siglo XX nos ha consignado un hombre que no resistirá más al fin del nuevo milenio. Es un hombre deprimido, resignado y fulminado ya. Como un autómata programado para ser feliz. No podrá caminar hacia delante por mucho tiempo. Se hace necesario -es evidente- cambiar esto.

La mayor parte de los individuos hoy no viven una vida propia. Viven una vida inducida. No desarrollan el propio yo. Están totalmente oprimidos por una homologación masiva, mera ejecutora de un modelo impuesto de un sobrepensamiento dominante. Y es inútil escribir ahora como entrelíneas que no estamos todos bajo tal homologación, que no estamos todos siendo víctimas de tal sobrepensamiento. No lo negaremos: Todos somos víctimas. Es sólo cuestión de en qué medida. Hay quien es esclavo en su totalidad, y quien lo es en menor medida, quien al fin se rebela pero fenece siendo bravamente aspirado por el vórtice. Ninguno siéntase excluido de este discurso. Incluso nosotros que escribimos ahora somos parte del mundo que igualmente condenamos. Pero decidimos tener la fuerza de escribir estas líneas y lanzar con decisión la alarma antes del postrer estertor.

Es hoy socialmente improductivo y poco útil desarrollar una propia identidad, tomamos por descontado que la única vía de seguir sea conformarse con el modelo al uso. Tomar un número, ponerse a la cola detrás de los otros y esperar al propio turno: Esto es lo que define al hombre contemporáneo. Sin posibilidad de elección. Sin vía de salida. Sin salvación.

Lo que angustia en mayor medida es observar que lo malo en el individuo no es tampoco una elección de conveniencia. Hoy el hombre no puede siquiera conformarse a cambio de un torvo cálculo utilitario. Hoy el hombre no ve tampoco más la posibilidad de una elección de esta naturaleza. No elige tampoco el poder conformarse o no (¡Sería ya una de las pocas cosas que eligiera!). Está todo dado por descontado. Tomar el número, ponerse a la cola y esperar... ¿Pero detrás de quién estamos en la cola? ¿A quién seguimos? ¿Por qué? ¿Y es que acaso no saldrá nada de nosotros mismos? ¿Qué estamos persiguiendo?

Todo esto no es cuestionable. Número, cola, atender... Esta es nuestra existencia. ¡Hemos gastado todo un milenio de desarrollo y progreso de nuestra Civilización para este abrumador epílogo!

Hay siempre otro modo de observar el mundo. Con visión abstraída y superficial o con mirada atenta. Bien, si observamos de la primera manera dicha, la realidad que nos rodea podremos tener la impresión de abundancia, riqueza, divertimento continuo, jolgorio. Pero si miramos más allá de esto, descubriremos que a pesar de la abundancia, la riqueza, el divertimento continuo, &c., nos enconcontramos a diario con hombres tristes, resignados, descorazonados, deprimentes. Hombres vacíos. Cambian la felicidad por el frenesí y la excitación. El divertimento continuo es muy parecido a un atontamiento general. ¿Por qué motivo un hombre que parece tener todo y poder satisfacer cualquier deseo al fin es un ser crónicamente deprimido? Y aquí no hablamos de hombres seniles, enfermizos: Hablamos de los que son jóvenes. Jóvenes y sanos. Y esto es realmente terrible. Jóvenes... ¿Por qué motivo nuestros jóvenes parecen siempre atontados y privados de vitalidad? ¿Por qué en su mirada hay cansancio, mientras debería poder contemplarse en sus ojos el fuego ardiente de la juventud? ¿Dónde terminó la fantasía? ¿Dónde la imaginación? ¿Dónde los sueños?

No podemos aceptar nada de esto. Creemos, ahora ya, haber alcanzado el punto más bajo de una pavorosa parábola ultradecadente. Probablemente no hubo en la Historia de la Humanidad tanta desolación. Por fortuna se encuentran dispersas señales de consternación y preocupación. Hay algunos que, finalmente, lanzan señales de alarma. Y estamos nosotros entre estos. Pero no queremos sólo lanzar señales de alarma, nosotros queremos abrir una vía de salida de esta tremenda situación. Y es por ello que para despertar nuestro ánimo y nuestra consciencia lanzamos hoy con enorme convicción este manifiesto:

1. Queremos liberar al hombre. Queremos despertar el ánimo de aquellos que son esclavos de la homologación y de lo que inconscientemente está sufriendo e impulsarlo a tomar el camino de la afirmación de su propia individualidad.

2. Estamos por redescubrir la unicidad de cada individuo. Hoy cada hombre cree luchar solo por la conquista de algo. En realidad todos los hombres luchan los unos contra los otros por los mismos objetivos impuestos desde lo alto. Podríamos encontrar tantos hombres como sueños (¡cada uno el propio!); tendríamos sin embargo un único sueño (¡impropio!) perseguido desesperadamente por todos los hombres. Podríamos encontrar una vida serena y entusiasmante; y sin embargo zozobramos en un mar de frustración y tedio.

3. Cada hombre tiene una personalidad propia, su propia calidad, su particular belleza. Queremos que cada uno descubra la belleza de su propia existencia; que cada uno sea consciente de sí mismo y no una copia del otro. Cada hombre es un creador.

4. El hombre del pasado viene creado por la sociedad, el hombre del futuro se crea por sí mismo.

5. Queremos vencer una apuesta con todos los hombres. Debemos volver a pensar en los nobles valores que han hecho grande al hombre: coraje, espontaneidad, audacia, vitalidad, generosidad, dinamismo, voluntad. Y debemos pensar en todas las bellas ideas por las cuales se muere: fraternidad, amor, y altos ideales.

6. Queremos un hombre que sepa levantarse de la adversidad y del sufrimiento retornando a la confianza en sus propios medios, su fuerza de voluntad y el espíritu de sacrificio.

7. No queremos un hombre que acepta pasivamente o sin pensarlo cualquier situación padeciéndola sin discutir. Queremos un hombre con capacidad de crítica, de polemizar y de poner en duda. No ovejas. No autómatas... sino hombres.

8. Amamos el arte en todas sus expresiones. El arte es creación, así el arte es libertad. El hombre al través del arte se autorrepresentará y autoafirmará.

9. La posibilidad surgida de la creación y del arte son el espejo de la sociedad. En los últimos decenios el arte ha estado confinado en ridículos círculos de autorreferencia y alejados totalmente de la sociedad. Una sociedad cuyo arte es de este tipo es una sociedad en la cual cualquier margen para la renovación es a priori obstaculizado.

10. Queremos una sociedad abierta y dinámica. Una sociedad en continua evolución.

11. Condenamos sin paliativos todos los comportamientos viles, deshonestos, falsos y mezquinos. Y repudiaremos siempre cualquier comportamiento y mentalidad utilitaria y oportunista.

12. Queremos poder ser libres de expresarnos, libres de hablar. Y por esto es que no aceptamos la dictadura de lo políticamente correcto, moderna forma de censura-dictadura para intrapolar el pensamiento y la creatividad individual para constreñir al hombre y aceptarlo bajo el sobremodelo impuesto.

13. Nuestra confianza en el hombre nos impone tener confianza también en las producciones suyas. Pero recordamos ante todo no caer en la idolatría de la técnica. El hombre debe controlar toda su producción, no adorarla de modo insensato. Teniendo en cuenta esta imprescindible premisa, el hombre debe ver en la inovación tecnológica una oportunidad, no un producto por el cual ser asustado.

14. Condenamos los medios monodireccionales, que son realmente instrumentos no hechos para el desarrollo creativo del hombre contemporáneo. Han paralizado y anestesiado al hombre privándolo de la posibilidad de expresarse y reduciéndolo a un pasivo receptor de pensamientos prefabricados. Los medios tradicionales son el instrumento a través del cual se realiza la deprimente homologación que estamos denunciando. Pero el futuro, afortunadamente, es otro. El mismo nuevo milenio nos está brindando posibilidades por la cuales salir de este encuadre. Los nuevos medios participativos permiten a la persona particular ser coautor y partícipe del mensaje y de la creación de ideas nuevas. El benefactor de estos nuevos medios tiene, pues, la posibilidad de salir de su camino antes pasivo y convertirse en autor, creador y comunicador.

Sepa el lector que estas ideas que han sido entrelazadas en las líneas anteriores han sido dadas a luz en la web y que este Manifiesto será lanzado en la web y tendra a ésta como principal medio de difusión.

Con este Manifiesto proclamamos el nacimiento del hombre del tercer milenio. Con este Manifiesto queremos exaltar nuestra confianza en las posibilidades del hombre. Las potencias del hombre son infinitas. Vuelve la vista y mira: Todo lo que ves lo ha creado el hombre, lo hemos creado. No somos limitados en nuestra facultad poética, creadora. Regeneremos nuestra vida y creemos un nuevo hombre para un nuevo milenio.